
CIRCULO DE LECTURA EN TORNO A ME LLAMO ROJO DE ORHAN PAMUK
Las ganas de empezar a hablar de Me llamo rojo fueron pronto evidentes el jueves por la noche, cuando una vez más, nos reunimos mujeres lectoras alrededor de una mesa, alrededor de un libro, con un buen vaso de vino y ricas viandas. Rápidamente coincidimos: el libro nos encantó.
Orhan Pamuk logró cautivarnos a lo largo de casi 600 páginas. Varias lectoras no habían terminado el libro pero seguramente, después de la reunión y por el entusiasmo contagioso de quienes sí lo leímos, pronto lo harán.
¿Es Pamuk también ilustrador? nos preguntamos. No. Pero parece tener, para escribir, la misma paciencia y precisión que tuvieron los maestros ilustradores del s. XVI para dibujar. Y como lector, es necesario abordar este libro con paciencia también. No sólo por su extensión, sino porque Pamuk hila fino. Por eso varias lectoras referimos haber tenido cierta “desesperación” en algún punto de la novela. O bien por las ganas de matar a Seküre, o por las excesivas referencias a Sirin y Hüsrev. O porque somos mujeres del siglo XXI viviendo en una loca ciudad, o quizás como se comentó también, porque Pamuk juega con los lectores a su gusto.
El autor conoce todas las partes de la gran ilustración que es su historia y sólo nos va mostrando pequeños pedazos, uno por uno…nosotros no sabemos nada, él sabe todo. Leer Me llamo rojo es como sentarse a hacer un gran rompecabezas y quizás ahí radica su máximo valor: en las diferentes voces que dan vida a la historia. Hablan los colores, habla el perro, habla la moneda, habla la muerte, habla el asesino, cada uno cuenta su versión de la misma historia desde el punto en que se encuentra. Pamuk nos recuerda con sutileza que todo está inevitablemente unido, que todas las pequeñas partes repercuten y son partes del todo. En la ilustración, como en la literatura, como en la vida.
Las reflexiones fueron complementadas con las ilustraciones que Mónica envió y que pudimos ver y comentar. Las diseñadoras hablaron de la perspectiva, o falta de ella, de las proporciones. A todas nos gustaría ahora ver una exposición de ilustraciones turcas…Arte, religión, amor, venganza, celos, misterio, muerte…y sobre todo desconfianza. Me llamo rojo podría ser el libro de la desconfianza y el engaño. Nadie confía en nadie y todos se sienten de algún modo culpables. Al final, quizás lo de menos es quién es el asesino, aunque un par de astutas lectoras pronto descubrieron a Aceituna…

Las mujeres lectoras acordamos que ahora toca un libro más breve: La metafísica de los tubos, título que no suena sencillo, pero sí tremendamente sugerente. En el blog la ficha completa.



